La pintura no admite más que cinco colores primigenios; son : blanco, amarillo, rojo, azul y negro, de los cuales el primero y el último son rechazados por la física. De las combinaciones de estos cinco colores salen todos los matices.
Tras estos cinco colores vienen los colores compuestos, rosa, púrpura, azul violado, violeta, gris, bronce, etc. Estos tintes reciben sus significados de los colores que los componen; el dominante le da su significación general, que es modificada por el dominado. Así tenemos que el púrpura, que es de un rojo azulado, significa el amor a la verdad, mientras que el azul violado representa la verdad del amor. Ambos significados parecen confundirse en su origen, pero las aplicaciones mostrarán la diferencia que existe entre ellos.
La regla de las oposiciones es común a la lengua de los colores y a todos los símbolos en general; les atribuye el significado opuesto al que poseen directamente. En el Génesis, la serpiente representa el genio del mal, y los Padres de la Iglesia llaman al Mesías la buena serpiente. En Egipto, el agua era el símbolo de la regeneración, y el mar estaba dedicado a Tifón, prototipo de la degradación moral. Asimismo el rojo significa al mismo tiempo el amor, el egoísmo y el odio; el verde, la regeneración celeste y la degradación infernal, la sabiduría y la locura. Esta regla, en vez de agregar oscuridad o arbitrariedad a la significación de los símbolos, les da una energía que desconocen las lenguas vulgares.
El simbolismo de los colores hubiera podido prescindir de este medio y, sin embargo, lo ha conservado como una de sus más grandes bellezas. En efecto, el negro, unido a los otros colores, les da el significado contrario. El negro, símbolo del mal y de lo falso, no es un color, sino la negación de todos los colores y de cuanto éstos representan. Así, el rojo representa el amor divino; unido al negro, será símbolo del amor infernal, del egoísmo, del odio y de todas las pasiones del hombre degradado.